Detrás de algunas puertas de nuestro pueblo, se esconden historias de mujeres y hombres de muy avanzada edad, que debido a sus escasos recursos, se ven obligados al espartano ahorro que a veces roza los límites de la pobreza. Se calientan con un humilde brasero de cisco, comen los productos más baratos, visten humildemente. La crisis agudiza su aislamiento y su soledad y usualmente no se quejan, parecen invisibles.
A veces buscamos la comunión delante de un altar, pero muchas comuniones se deberían buscar detrás de la cancela de muchas casas humildes de nuestro pueblo, sencillamente para hacer visible, lo que por no mirar hacemos invisible. Posiblemente esa puerta de gente invisible linde con nuestra casa, y tenga un timbre al que llamar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario